martes, 13 de febrero de 2007


El seminario convocado para discutir sobre el futuro de la democracia mexicana organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se tornó, en su ceremonia inaugural, en una estridente recordatorio del saldo del pasado proceso electoral. En representación de Luis Carlos Ugalde, presidente del Instituto Federal Electoral, el consejero Virgilio Andrade debió asumir todas las recriminaciones e insultos, mediante gritos y pancartas que estaban preparados para el titular de la autoridad electoral.

Casi sin tregua, mantas con la leyenda "Ugalde, ladrón, traicionaste a la nación" acompañaban a los gritos de "¡traidor a la democracia!", las exigencias de renuncia, los gritos demandando juicio político acompañaron a insultos más personales contra el consejero, quien intentaba hablar de la democracia mexicana: "Tema central (para la reforma electoral), y hoy lo estamos viendo en las expresiones de ustedes, es el IFE, por eso es muy positivo que se aborde en esta máxima casa de estudios".

Los gritos de más de una veintena de personas hacían casi inaudible su ponencia en el auditorio del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM. Expresiones que después lo acompañarían al dirigirse a su automóvil. Sin inmutarse, Andrade asumió todas los reclamos y, con paciencia, intentaba dialogar con quienes le reprochaban el "fraude electoral".

"Pluralidad y sentimientos"

Tras el acto, Andrade definió el carácter de las protestas: "son representaciones de la pluralidad y de los sentimientos que hay en el país."

­¿Por qué no vino Carlos Ugalde? ­se le preguntó.
­Se cruza con un mandato que el Consejo General le dio para trabajar sobre la controversia constitucional ­justificó.

A esa hora, funcionarios menores ya habían presentado el recurso ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Andrade no fue el único que escuchó protestas, aunque sin duda sí fueron las más intensas. Carlos Abascal, ex secretario de Gobernación, esuchó gritos de "¡asesino!", "¡fuera!", y reproches a sus creencias religiosas para echarle en cara su "traición" a la democracia cuando fungía como responsable de la política interior.

Durante el seminario Constitución, democracia y elecciones, la reforma que viene, Flavio Galván, presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, también escuchó gritos por el desempeño de ese órgano durante los pasados comicios. En su ponencia aseveró que "esta reforma electoral debe adecuar la realidad social a la realidad normativa.

"No podemos tener un sistema jurídico que no responda a la realidad, pero tampoco podemos crear una realidad fuera del orden normativo. Democracia, no es sinónimo de anarquía, la democracia se construye dentro del sistema constitución, dentro del sistema de acuerdos entre grupos y partidos políticos".

Las protestas, por cierto, también se escucharon cuando la secretaria general del PRI, Rosario Green, intervino en el seminario, sólo que en su caso estuvieron dirigidas contra el gobernador oaxaqueño, Ulises Ruiz, a quien calificaron de "asesino" y "represor".

En su intervención, el director del IIJ, Héctor Fix, sostuvo que apostar por las instituciones, significa "que los aciertos y errores de sus integrantes no pueden ser la razón determinante o única para juzgar la fortaleza o debilidad de aquéllas. En otras palabras, para que realmente puedan institucionalizarse, si se permite la expresión, las instituciones deben gozar de autonomía para evolucionar y encontrar su camino por encima de las personas".

Jorge Islas, abogado general de la UNAM, dijo que las elecciones de 2006 trajeron un claro mensaje de repensar las instituciones electorales, "ha llegado el momento en que todas las fuerzas políticas evalúen los desfases y limitaciones que la legislación electoral exhibe".

No hay duda ­dijo­ de que la democracia es la fuente básica de la legitimidad del poder, pero ahora es preciso discutir sobre el impacto que tuvieron los nuevos factores y actores que se presentaron en la escena pública, que son, en buena medida, los que han creado un clima de resistencia, y en algunos casos, de suspicacia sobre algunos aspectos del sistema electoral.

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